Después de la fatua del ayatolá Sistani, las milicias chiíes persiguen a los homosexuales, que viven atemorizados.
Con sus gafas de moda y su barba bien cuidada, Alí Hili podría pasar por cualquier gay de Londres. Y de hecho es lo que es, pero no sólo eso. Le gusta encontrarse con sus amigos por las noches, pero cuando nace el día asume una vida de militante, mucho menos glamour.
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