Intelectuales chinos se oponen a la administración china sobre el Tíbet

En plena propaganda china para poner a la opinión pública del país en contra de las manifestaciones tibetanas y en contra del Dalai Lama, varias decenas de intelectuales chinos han tomado el riesgo de redactar, firmar y publicar otra versión de los acontecimientos. El texto, publicado el sábado 22 de marzo, propone una alternativa a la represión y la abertura de un diálogo con el Dalai Lama.

Los firmantes son en su mayoría intelectuales disidentes conocidos, tales como Wang Lixiong, Liu Xiaobo o Yu Jie. Saben que lo que hacen -oponerse públicamente a la posición oficial del Partido Comunista en un asunto de importancia capital- es arriesgado. Otro disidente, Hu Jia, arrestado en las últimas navidades, fue juzgado discretamente por "subversión" cuando empezaron las revueltas en Lhassa. Uno de los firmantes, el abogado Teng Biao, fue capturado varios días por la policía política y luego liberado, probablemente para intimidarlo.

Esos hombres están demasiado aislados políticamente como para tener algún peso frente a la maquinaria de propaganda oficial. No obstante, el hecho de que haya, en este contexto, hombres capaces de rebelarse contra la posición oficial y que gracias a Internet dispongan de medios para poder reunir decenas de firmantes en todo el país, merece gran atención.

Frente a ellos, en efecto, la maquinaria propagandista china funciona a alto rendimiento. El gobierno difunde en el país fotos de 21 tibetanos buscados por su papel en los recientes acontecimientos. Y el domingo, una editorial publicó simultáneamente en varios periódicos oficiales, nuevos ataques contra "la banda" del Dalai Lama, acusada de esconderse detrás de un discurso pacífico y de fomentar atentados terroristas. En un artículo que, como subraya la declaración de los intelectuales, contiene rastros de la Revolución Cultural de los años 60, Pekín acusa:

"No importa que el Dalai Lama y sus seguidores se escondan detrás de los pretextos de "paz" y "no-violencia". Sus actividades de sabotaje cuyo objetivo es la separación, fracasarán".

Todo eso cuando la guerra de las cifras aún no ha terminado: 19 muertos y 623 heridos, que según Pekín son en su mayoría Han chinos linchados por tibetanos; 99 "muertos confirmados", según el gobierno tibetano en exilio en Dharamsala (India), quien acusa a las autoridades chinas de haber abierto el fuego. Cada uno tiene su versión. Este asunto carece de una versión objetiva, ya que a pesar de las promesas hechas por China al Comité Olímpico Internacional (CIO), los periodistas extranjeros tienen prohibido el acceso al Tíbet.

Los firmantes justamente instan a que el Tíbet sea abierto de nuevo a la prensa internacional tanto de China como de otros países y que el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas envíe a una comisión para revelar la verdad. Piden también que el Gobierno Chino enseñe las "pruebas" que dice tener de la implicación del Dalai Lama en los actos violentos de la última semana y llaman a la abertura de un diálogo con el jefe político y espiritual de los tibetanos.

Esta llamada no llegará a Pekín, donde la sede del poder chino ha elegido claramente esta ocasión para desacreditar al Dalai Lama. Esto no ha sido denunciado por los gobiernos extranjeros, que han reaccionado de manera muy discreta. Por su parte, la opinión pública internacional ha reaccionado intensamente. Una iniciativa encabezada por Elie Wiessel (Premio Nobel de la Paz 1986), junto a otros 26 premios nobel, protestan:

"contra la campaña del Gobierno Chino contra su santidad el Dalai Lama, nuestro co-laureado por el Premio Nobel" [que], "no busca la separación [del Tíbet] con China, pero sí la autonomía cultural y religiosa".

En este contexto, todos vuelven la vista hacia la comunidad internacional, que no podrá esperar eternamente a que la crisis se esfume para abrir la boca. Los ministros de Asuntos Exteriores se reúnen esta semana e intentarán definir una actitud común para los Juegos Olímpicos. ¡Esperemos que vayan más allá del "llamado a la moderación" lanzado con mucho coraje por el Gobierno Francés!

Traducido por Samuel Jolly 


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